Un nuevo Paraíso

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El Jardín del Edén (panel izquierdo de El jardín de las delicias), por Jheronimus Bosch

Un argumento frecuente para justificar comer carne es que la Biblia lo indica así, pero esto no es completamente exacto. Al comienzo de la Biblia, Dios bendice a los hombres y les dice: “Sean fecundos y multiplíquense. Llenen la tierra y sométanla. Tengan autoridad sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo y sobre todo ser viviente que se mueve sobre la tierra” (Gen 1:28), orden que puede interpretarse de la peor manera, lo cual sería incorrecto, pues de inmediato Dios añade: “Les entrego para que se alimenten toda clase de plantas con semillas que hay sobre la tierra y toda clase de árboles frutales. A los animales salvajes, a las aves del cielo y a todos los seres vivientes que se mueven sobre la tierra les doy pasto verde para que coman” (Gen 1:29-30). Es decir, el sometimiento de cuanto animal viva no implica comérselo, o, en otras palabras, Adán y Eva eran vegetarianos. No obstante, esto duró poco, pues después del diluvio la orden cambia. Dios dice a Noé: “Crezcan, multiplíquense y pueblen la tierra. Teman y tiemblen ante ustedes todos los animales de la tierra y todas las aves del cielo. Pongo a su disposición cuanto se mueve sobre la tierra y todos los peces del mar. Todo lo que tiene movimiento y vida les servirá de alimento” (Gen 9:1-3). Y así estamos, todos los animales tiemblan ante nosotros y nos temen, porque en este sentido no hay una contraorden ni en el Antiguo ni en el Nuevo Testamento sino, todo lo contrario, una ratificaciónCuando Jesús envía a sus discípulos a anunciar el Reino de Dios, señala expresamente que pueden comer de todo: “Cuando entren en una ciudad y sean bien recibidos, coman lo que les sirvan” (Lc 10:9).

San Francisco de Asís amaba a los animales; en realidad, amaba a toda la creación.  Al respecto, el padre Ignacio Larrañaga, en su biografía del santo, nos regala varias apreciaciones y anécdotas. Una vez, cuando uno de sus compañeros apagaba unos tizones, san Francisco le reprocha: Sigue leyendo

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Reconciliación de todas las criaturas

Isaías

Reconciliación de todas las criaturas bajo el reino de la justicia prometido por Isaias (11: 5-9)
Reconciliación de todas las criaturas bajo el reino de la justicia prometido por Isaias (11: 5-9), por Marc Chagall

Isaías profetiza en un poema una paz mesiánica (Is 11: 1-9). Allí anuncia al Mesías y describe sus rasgos fundamentales: será descendiente de David; estará lleno de espíritu profético; se empeñará en implantar la justicia y la paz entre los hombres y con la naturaleza, lo cual es regresar al estado inicial de armonía implícito en la creación, y ello exige conocimiento del Señor. He aquí una parte:

Se terciará como banda la justicia y se ceñirá como fajín la verdad. Entonces el lobo y el cordero irán juntos, y la pantera se tumbará con el cabrito, el novillo y el león engordarán juntos; un chiquillo los pastorea; la vaca pastará con el oso, sus crías se tumbarán juntas, el león comerá paja como el buey. El niño jugará en agujero de la cobra, la criatura meterá la mano en el escondrijo de la serpiente. No harán daño ni estrago por todo mi Monte Santo, porque se llenará el país de conocimiento del Señor, como colman las aguas el mar (Is 11: 5-9).

Ignacio Larrañaga

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El jardín del Edén, por Lucas Cranach el Viejo

El padre Ignacio Larrañaga considera a la oración esencial en la vida de fe, como asegura que lo fue para Moisés, Elías, san Francisco de Asís y, sobre todo, para Jesús. También lo fue para él, quien tuvo varias experiencias de encuentro con Dios, según cuenta en su libro La rosa y el fuego. Fue fundador de los Talleres de Oración y Vida, que promueven un encuentro con Dios y donde millones de personas se han iniciado en el arte de orar. En uno de estos talleres (Retiro espiritual, año 1990) dice:

La paz es criterio seguro de presencia de Dios… Bien pueden decir que el nuevo nombre de Dios es el de la paz… Lo distinguible de Dios es cuando deja la paz (Orientaciones, sesión 18, 49’10-51’15).

Cuando este profeta de estos tiempos –en el sentido que transmite mensajes divinos– narra en El Hermano de Asís la partida del gran santo, ratifica la visión de Isaías, pues habla de reconciliación de todas las criaturas, pero esta vez en el momento de su llegada al cielo: Sigue leyendo