La escritura del dios. Jorge Luis Borges

397px-junior-jaguar-belize-zooLa cárcel es profunda y de piedra; su forma, la de un hemisferio casi perfecto, si bien el piso (que también es de piedra) es algo menor que un círculo máximo, hecho que agrava de algún modo los sentimientos de opresión y de vastedad. Un muro medianero la corta; éste, aunque altísimo, no toca la parte superior de la bóveda; de un lado estoy yo, Tzinacán, mago de la pirámide de Qaholom, que Pedro de Alvarado incendió; del otro hay un jaguar, que mide con secretos pasos iguales el tiempo y el espacio del cautiverio. A ras del suelo, una larga ventana con barrotes corta el muro central. En la hora sin sombra [el mediodía], se abre una trampa en lo alto y un carcelero que han ido borrando los años maniobra una roldana de hierro, y nos baja, en la punta de un cordel, cántaros con agua y trozos de carne. La luz entra en la bóveda; en ese instante puedo ver al jaguar.

He perdido la cifra de los años que yazgo en la tiniebla; yo, que alguna vez era joven y podía caminar por esta prisión, no hago otra cosa que aguardar, en la postura de mi muerte, el fin que me destinan los dioses. Con el hondo cuchillo de pedernal he abierto el pecho de las víctimas y ahora no podría, sin magia, levantarme del polvo. Sigue leyendo

Himno homérico a Deméter

Los Himnos homéricos son una colección de poemas épicos cortos griegos en honor a dioses, que en la antigüedad solían atribuirse a Homero. El dedicado a Deméter se considera el más antiguo, escrito en el siglo VII a. C., en tiempos de Hesíodo, algo más tarde que la fecha atribuida a Homero. Esto lo sitúa entre los más antiguos monumentos de la literatura griega.

El Himno a Deméter (diosa griega de la agricultura, protectora del matrimonio y la ley sagrada, en Roma llamada Ceres) narra el rapto de Perséfone (también llamada «Core», doncella; en Roma, Proserpina) por Hades (dios del inframundo), las andanzas de la madre y el regreso de la hija. Estas diosas, que precedieron al panteón olímpico, eran los personajes centrales de los Misterios de Eleusis, ritos de iniciación que se celebraron anualmente en Eleusis, cerca de Atenas, durante 2.000 años, considerados los de mayor importancia de la antigüedad. Los ritos de iniciación unían al adorador con el dios, incluyendo promesas de poder divino y recompensas en la otra vida. Algunos de sus elementos eran guardados en severo secreto.

 

Proserpina, por Dante Gabriel Rossetti
Proserpina, por Dante Gabriel Rossetti

Coro

Por ti, Deméter augusta, la de hermosa cabellera,
entonamos este himno, y Perséfone tu hija
a la que Hades robó, con el permiso de Zeus,
cuando en aquella ocasión, alejada de su madre,
mientras alegre jugaba con las hijas de Océano,
al par que cogía flores: azafrán, violetas, rosas
y gladiolos y jacintos, y narcisos delicados
que la tierra hizo brotar para halagar a los dioses.
Pero una brecha se abrió en la llanura de Nisa,
y allí surgió el soberano con sus yeguas inmortales
el que fuera hijo de Crono y que tiene tantos nombres;
y aunque puso resistencia, de ella se apoderó.
Terribles fueron sus gritos que suplicaban a Zeus,
mas ninguno de los dioses ni de los hombres mortales,
ni siquiera los olivos se apiadaron de su voz.
Sólo la hija de Perses la escuchó desde su cueva,
Hécate la hechicera, y el Sol que todo lo ve
mientras aquella gritaba pidiendo ayuda a su padre,
mas aquél se hallaba ausente, alejado de los dioses,
recibiendo las ofrendas que los hombres le ofrecían.
Y así su tío paterno que recibe muchos nombres
se la llevó por la fuerza, según voluntad de Zeus.
Mientras la diosa se vio con los pies sobre la Tierra
aún mantuvo la esperanza a pesar de los pesares;
pero al entrar bajo tierra, lanzó un grito de terror
que resonó por los montes y los abismos del mar.
Cuando su madre lo oyó se encogió su corazón,
se desgarro su vestido y se mesó los cabellos,
y un negro velo de luto se puso sobre los hombros.
Como un ave de presa la buscó por todas partes
y la diosa venerable vagó errante nueve días
y presa de su dolor ya no probó la ambrosía,
que es el néctar de los dioses, ni volvió a lavar su cuerpo.
Más a la décima aurora con Hécate se encontró
con una antorcha en la mano y así le dijo a la diosa:

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Poemas en música

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Santa Hildegard von Bingen

O viridissima virga. Letra y música de santa Hildegard von Bingen (1098-1179)

Oh verdísima vara, ave, que en el soplo de viento de la pregunta de los santos brotaste.
Cuando vino el tiempo en el que floreciste en tu rama, ave, salve porque el calor del sol se destiló en ti como el olor del bálsamo.
Pues una flor hermosa surgió en ti la cual dio su perfume a todos las especias que estaban secas.
Y todas aquellas reaparecieron en pleno verdor.
Del cielo enviaron rocío sobre la hierba y toda la tierra se alegró, ya que su vientre produjo el trigo y las aves del cielo hicieron nido en ella.
De aquí fue hecho el alimento para los hombres y la gran alegría para los comensales. Por lo cual, oh dulce Virgen, en ti no falta ninguna alegría.
Eva despreció todas estas cosas. Pero ahora, alabado sea el Altísimo.


Oh Fortuna, poema inicial y final de Cármina burana. Letra: Anónimo, hacia el 1230. Música: Carl Orff (1895-1982)

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Portada de Cármina burana

Oh Fortuna,
como la luna
variable de estado,
siempre creces
o decreces;
¡Que vida tan detestable!
ahora oprime
después alivia
como un juego,
a la pobreza
y al poder
lo derritió como al hielo.

Suerte monstruosa
y vacía,
tu rueda gira,
perverso,
la salud es vana
siempre se difumina,
sombrío
y velado
también a mí me mortificas;
ahora en el juego
llevo mi espalda desnuda
por tu villanía.

La Suerte en la salud
y en la virtud
está contra mí,
me empuja
y me lastra,
siempre esclavizado.
En esta hora,
sin tardanza,
toca las cuerdas vibrantes,
porque la Suerte
derriba al fuerte,
llorad todos conmigo. Sigue leyendo