arte, mitología

Ilustraciones de Gustavo Doré para Orlando furioso

El mago Merlín por Doré

Gustave Doré (1832-1883) fue un artista francés, pintor, escultor e ilustrador, considerado en su país el último de los grandes ilustradores. Entre sus trabajos más notables pueden citarse las ilustraciones para Don Quijote de la Mancha, la Biblia y la Divina Comedia. A continuación, dos vídeos con algunas de las ilustraciones que realizó para Orlando furioso.

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arte, mitología

El laberinto en el cual todos nos perdemos. Silvio Mignano

Portada de edición ilustrada por Doré, 1878

Una lectura de Orlando furioso de Ludovico Ariosto, a los quinientos años de su primera publicación

Orlando furioso es un libro único que puede leerse sin referencia a ningún otro libro anterior o posterior; es un universo en sí mismo donde uno puede viajar por todas partes, entrar, salir, perderse.
Italo Calvino

I

I.67: Sacripante cae de su caballo

Orlando furioso [poema extenso de 46 cantos] es un universo completo y alternativo, un mundo que en sí mismo está cerrado y resulta cumplido; por tanto, es autosuficiente y, sin embargo, al mismo tiempo tiene la capacidad de multiplicarse, de autogenerarse, de abrirse hacia afuera y producir frente al espejo, a millones de espejos, infinitas nuevas posibilidades.

Por estas características, Orlando furioso ha sido amado por Jorge Luis Borges e Italo Calvino.

Nadie puede escribir un libro.
Para que un libro sea verdaderamente,
se requieren la aurora y el poniente,
siglos, armas y el mar que une y separa.

Así lo pensó Ariosto, que al agrado
lento se dio, en el ocio de caminos
de claros mármoles y negros pinos,
de volver a soñar lo ya soñado.

Son los primeros versos de Ariosto y los árabes, hermoso poema del argentino, que sigue:

El aire de su Italia estaba henchido
de sueños, que con formas de la guerra
que en duros siglos fatigó la tierra
urdieron la memoria y el olvido[1].

Esto es, para Borges, Orlando furioso: un sueño en el cual todo se hace posible, una alternativa a la Creación divina, con su aurora y su poniente, sus siglos, sus armas, su mar que une y separa. Unión y separación son constantes a lo largo del poema de Ariosto. Los personajes se unen y separan continuamente, se buscan y se pierden. La quest, en inglés, o sea la inchiesta en italiano, algo más y algo distinto que los términos españoles ‘búsqueda’ o ‘investigación’, son materiales poéticos para Ariosto. Pero el mar que une y separa, en la interpretación de Borges, también quiere decir tejer una realidad que al mismo tiempo tiene unidad, porque es un universo integral, con todos los elementos que se necesitan para que el lector se convenza de su realidad, y tiene separación, porque hay en este universo un proceso continuo de desplazamiento de las placas tectónicas, una evolución constante que crea nuevos continentes, nuevos océanos, que aleja a los personajes uno del otro, obligándolos a buscarse sin cesar.

Así explica Italo Calvino estos movimientos centrípetos y centrífugos:

Orlando furioso es un inmenso partido de ajedrez que se juega en el mapa geográfico del mundo, un juego desmesurado, que se bifurca en muchos partidos simultáneos. El mapa del mundo es más variado que un tablero, pero sobre él los movimientos de cada personaje se repiten según reglas fijas, como en el juego del ajedrez[2].

III.8: Bradamante encuentra en la tumba de Merlín a la maga Melissa

Para ambos, Borges y Calvino, Orlando furioso se presenta bajo la imagen arquetípica del laberinto. Es el jardín de senderos que se bifurcan, como en el cuento de Borges, donde cada bifurcación genera dobles —y, en consecuencia— mundos paralelos. Como nos enseña Kerényi, el laberinto, en toda cultura, en cada época histórica y hasta en la prehistoria y en cada región del mundo, representa un universo, ya sea el mundo de abajo, los ínferos, ya sea el de arriba, y también el propio gesto de parir, de salir de las vísceras y de la muerte para llegar a la vida y a la luz y, aún más, salir del sueño y llegar a la realidad[3].

Y Orlando furioso, cien años antes del Quijote, es el primer poema caballeresco que sugiere la duda que todo ese mundo sea un sueño, una invención de nuestra mente.

Es un universo, Orlando furioso, donde nada es lo que parece: un paladín fuerte, con coraza blanca, que aterra a un fuerte príncipe sarraceno, en realidad es una mujer bellísima; un mago feroz que se presenta con el nombre de Atlante, el gigante que en la mitología grecorromana sostiene al mundo sobre su espalda, es un frágil y pobre viejito; una fuente mágica a la vez induce a un personaje a amar a otro, pero a este otro a odiar al primero, así que las combinaciones de amores y desamores —infinitas— casi nunca coinciden.

“Un poema que se niega a comenzar y se niega a concluirse”, lo definía Calvino[4]. Porque, como bien explica Corrado Bologna: Sigue leyendo “El laberinto en el cual todos nos perdemos. Silvio Mignano”

mitología

Dioses de la antigüedad

Cabeza de Zeus en moneda griega

En la antigua veneración griega de los dioses se nos manifiesta una de las más grandes ideas religiosas de la humanidad:
«la idea religiosa del espíritu europeo».
Walter F. Otto

Les presento dos documentales especialmente buenos. El primero es sobre dioses de Egipto, Grecia y Roma. El segundo habla con más detalles de los dioses griegos. Que los disfruten.


DIOSES DE EGIPTO, GRECIA Y ROMA


DIOSES GRIEGOS