Acerca de la dramaturgia venezolana actual

dramaturgia venezolana actualA algunos les llama la atención lo heterogénea de nuestra dramaturgia actual y la discreta respuesta del público, al menos cuando se compara con otras épocas, como la de mediados del siglo XX, cuando reinaban Isaac Chocrón, José Ignacio Cabrujas y Román Chalbaud, no solo en el teatro, sino en la televisión y el cine. Sobre la calidad y cantidad de las obras hay menos reparos. Cuando a comienzos del 2015 la editorial mexicana Paso de Gato se propuso publicar la antología Dramaturgia venezolana contemporánea, a los compiladores no les resultó difícil encontrar 10 excelentes autores –Edilio Peña, Xiomara Moreno, Gustavo Ott, Inés Muñoz Aguirre, Elio Palencia, César Rojas, Gennys Pérez, Carmen García Vilar, José Miguel Vivas, Karin Valecillos–; el reto fue seleccionarlos, pues hay bastantes, de manera que escritores con méritos similares quedaron fuera –José Antonio Barrios, Roberto Azuaje, Javier Moreno, León Febres-Cordero, María Fernanda Godoy, entre tantos– y tendrán que esperar otra oportunidad. Aquí y ahora se escribe teatro bien y mucho, sobre casi cualquier cosa, con los más diversos estilos, en lenguaje llano o culto, con propuestas innovadoras o clásicas, teatro larguísimo o breve, para todo público o solo para entendidos. Justamente, espectadores y críticos no encuentran temas o tendencias compartidas. ¿Será un problema de la dramaturgia? Yo creo que el problema es del arte.

Las vanguardias del siglo XX se basaron en la innovación, en la experimentación, pero con frecuencia espectadores y críticos –así como clientes, dueños de galerías, directores de museos– sabían a qué atenerse, pues los artistas solían agruparse para presentar un ‘manifiesto’ donde explicaban sus motivos y ambiciones. Había una estrecha comunicación entre creadores y público porque las vanguardias pretendían eliminar la distancia entre el arte y la vida, universalizar el arte, cambiar el mundo. Desde luego, también lo pretendía la dramaturgia. Pero hoy en día esa pretensión se ha abandonado. Primero, por la fuerza de los hechos. Dos guerras mundiales son un buen argumento para mostrar que las vanguardias no mejoraron al hombre. Segundo, por cansancio. Ha sido imposible incidir en el comportamiento de las colectividades, por mucho que se recurra a la denuncia y el compromiso. Para algunos, el artista ha evolucionado pero el público no.

Así, el artista se ha vuelto autorreferencial, el arte habla del arte, no pretende hacer labor social. La comunicación, que obviamente existe –aunque no siempre estrecha–, es entre los propios creadores. Unos miran al pasado en búsqueda de propuestas éticas y estéticas para presentarlas con nuevos ropajes. Otros no presentan ideas, ni éticas ni estéticas, solo reinterpretan la realidad que les envuelve mediante la repetición de imágenes, y con ello asumen la incapacidad del arte para transformar la vida. Hay quienes se apropian de textos y los descontextualizan, como si el artista se alimentara de imágenes de fragmentos culturales cuyo contexto, sin embargo, no es reconstruido. También hay quienes apuestan a la experiencia emocional del espectador, al éxtasis sensorial –violencia, horror, erotismo– como vehículo de reflexión. Como etiquetas, se habla de arte posmoderno o de era neobarroca. Al arte de estos días, ninguna le queda completamente bien.

En cualquier caso, los artistas ya no se agrupan para hacer manifiestos –se agrupan para leerse mutuamente y compartir experiencias, eso sí–, cada quien anda en lo suyo. Con suerte, andará empeñado en extraer de lo desconocido alguna joya, que no resultará un hallazgo sino un reencuentro. Según Jung, la obra de arte es el producto que surge del inconsciente y aspira a la unidad a través de la asunción consciente de aspectos necesarios para la vida del individuo y de la colectividad. En la conferencia Sobre las relaciones de la psicología analítica con la obra de arte poética, afirma:

El hombre normal puede soportar la tendencia general sin perjuicio; pero el hombre que transita por caminos secundarios y vericuetos, quien al contrario del normal no es capaz de avanzar por las vastas calzadas militares, será por ello quien descubra primeramente lo que se encuentra fuera de esa gran vía y que persiste en convivir. La relativa inadaptación del artista es su verdadera ventaja, le permite permanecer alejado de la corriente general, ceder su propio anhelo y encontrar lo que a otros, sin saberlo, les falta… El arte constituye un proceso de autorregulación espiritual en la vida de las naciones y las épocas (2002: 75).

CorticasEn dramaturgia, las grandes búsquedas, como el teatro surrealista o el teatro brechtiano, no existen más. Una norma es lo heterogéneo. En el libro Corticas, donde se publican 9 obras de miembros de un grupo al cual pertenezco, Círculo de Creación Dramática José Gabriel Núñez (CICRED), José Gabriel señala como hilo conductor que cada autor se expresa con voz propia. Y añade:

A veces, un discurso tragicómico que no se pliega a lo estético. A veces, la palabra como soporte fundamental. Otras, los personajes que deambulan buscando escapes. Cotidianidad, expresionismo, realismo, onirismo, trazos históricos, lo culto y lo popular se mixturan en una aleación de sorprendente vigencia. Corticas del CICRED nos abre así un abanico de posibilidades, no solo temáticas, sino también en cuanto a los géneros y a las formas dramáticas de expresión, partiendo del monólogo, la obra breve y cerrada entre dos personajes, hasta textos de mayor formato que precisan de un numeroso elenco. En pocas palabras, priva la heterogeneidad en todas las direcciones (2015: 9).

Otra norma es un público atento pero discreto. Aún confía en el artista, que aunque no pueda cambiar el mundo, acaso lo cambie a él.

OBRAS CITADAS

Jung, C. G. (2002). Sobre las relaciones de la psicología analítica con la obra de arte poética. En C. G. Jung, Obra Completa, Vol. 15, Sobre el fenómeno del espíritu en el arte y en la ciencia (pp. 57-75). Trad. C. García Ohlrich. Madrid: Editorial Trotta.

Núñez, J. G. (2016). Presentación. En Corticas (pp. 9-12). Caracas: Negro sobre Blanco Grupo Editorial.

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2 thoughts on “Acerca de la dramaturgia venezolana actual

  1. Miriam Castillo 6 enero, 2016 / 4:50 pm

    Muy buen artículo que nos deja una buena referencia de la situación del teatro venezolano. Un punto de partida para abrir nuevas reflexiones al respecto.

    Le gusta a 1 persona

  2. Carlota Martínez 13 enero, 2016 / 3:52 pm

    Interesante tu reflexión sobre la dramaturgia venezolana, Marisabel. Se puede abrir un diálogo al respecto. Recientemente escribí un texto que me solicitaron sobre el mismo tema y, aún cuando coincido contigo en ciertas cosas, en otras no soy tan optimista. Un saludo afectuoso y felicitaciones por tu blog, muy sobrio y estimulante. Lo iré transitando.

    Le gusta a 1 persona

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