Himno homérico a Deméter

Los Himnos homéricos son una colección de poemas épicos cortos griegos en honor a dioses, que en la antigüedad solían atribuirse a Homero. El dedicado a Deméter se considera el más antiguo, escrito en el siglo VII a. C., en tiempos de Hesíodo, algo más tarde que la fecha atribuida a Homero. Esto lo sitúa entre los más antiguos monumentos de la literatura griega.

El Himno a Deméter (diosa griega de la agricultura, protectora del matrimonio y la ley sagrada, en Roma llamada Ceres) narra el rapto de Perséfone (también llamada «Core», doncella; en Roma, Proserpina) por Hades (dios del inframundo), las andanzas de la madre y el regreso de la hija. Estas diosas, que precedieron al panteón olímpico, eran los personajes centrales de los Misterios de Eleusis, ritos de iniciación que se celebraron anualmente en Eleusis, cerca de Atenas, durante 2.000 años, considerados los de mayor importancia de la antigüedad. Los ritos de iniciación unían al adorador con el dios, incluyendo promesas de poder divino y recompensas en la otra vida. Algunos de sus elementos eran guardados en severo secreto.

 

Proserpina, por Dante Gabriel Rossetti
Proserpina, por Dante Gabriel Rossetti

Coro

Por ti, Deméter augusta, la de hermosa cabellera,
entonamos este himno, y Perséfone tu hija
a la que Hades robó, con el permiso de Zeus,
cuando en aquella ocasión, alejada de su madre,
mientras alegre jugaba con las hijas de Océano,
al par que cogía flores: azafrán, violetas, rosas
y gladiolos y jacintos, y narcisos delicados
que la tierra hizo brotar para halagar a los dioses.
Pero una brecha se abrió en la llanura de Nisa,
y allí surgió el soberano con sus yeguas inmortales
el que fuera hijo de Crono y que tiene tantos nombres;
y aunque puso resistencia, de ella se apoderó.
Terribles fueron sus gritos que suplicaban a Zeus,
mas ninguno de los dioses ni de los hombres mortales,
ni siquiera los olivos se apiadaron de su voz.
Sólo la hija de Perses la escuchó desde su cueva,
Hécate la hechicera, y el Sol que todo lo ve
mientras aquella gritaba pidiendo ayuda a su padre,
mas aquél se hallaba ausente, alejado de los dioses,
recibiendo las ofrendas que los hombres le ofrecían.
Y así su tío paterno que recibe muchos nombres
se la llevó por la fuerza, según voluntad de Zeus.
Mientras la diosa se vio con los pies sobre la Tierra
aún mantuvo la esperanza a pesar de los pesares;
pero al entrar bajo tierra, lanzó un grito de terror
que resonó por los montes y los abismos del mar.
Cuando su madre lo oyó se encogió su corazón,
se desgarro su vestido y se mesó los cabellos,
y un negro velo de luto se puso sobre los hombros.
Como un ave de presa la buscó por todas partes
y la diosa venerable vagó errante nueve días
y presa de su dolor ya no probó la ambrosía,
que es el néctar de los dioses, ni volvió a lavar su cuerpo.
Más a la décima aurora con Hécate se encontró
con una antorcha en la mano y así le dijo a la diosa:

 
Hécate
“Soberana Deméter la de espléndidos dones,
¿quién de todos los dioses o todos los mortales
te ha quitado a Perséfone y ha afligido tu ánimo?
Yo pude escuchar su voz mas no vi quién la robó”.
Y las dos marcharon juntas con teas encendidas

y llegaron hasta el Sol y ella le preguntó:

 
Deméter
“Sol que todo lo alumbras, ayúdame al menos tú,
si alguna vez, de algún modo, fui grata a tu corazón.
La hija a la que parí, mi más querido tesoro,
escuché su agudo grito, que resonó por el cielo
como quien sufre una afrenta, mas no pude ver quién era.
Tú, que todo lo contemplas en la Tierra y en el Mar,
dime si has visto a mi hija y quién me la ha arrebatado”.

Así habló la hija de Rea y el Sol así le indicó:

 
Sol
“Hija de Rea, de hermosa cabellera,
soberana Deméter, enseguida lo sabrás,
pues grande es el respeto que siento por tu persona
y también la compasión por lo que te ha pasado.
Ningún otro es el culpable sino el mismísimo Zeus
que con Hades hizo un pacto para entregarle a tu hija
y que así fuera su esposa: y él se la ha llevado al mundo de las tinieblas,
a pesar de sus gritos, en su carro sombrío.
Así que tú, diosa, procura dejar tu llanto y no le guardes rencor… Que no
es un indigno yerno el soberano de tantos, que es de tu misma semilla y
sabes bien dónde vive y qué lote le tocó cuando se hizo el reparto

entre los tres hermanos”.

 
Coro
Tras decir estas palabras se marchó el Sol en su carro.
Un dolor mucho más cruel se apoderó de la diosa,
y vagó entre los mortales alejada del Olimpo,
Así llegó cierto día hasta la tierra de Eleusis
donde gobierna Celeo, que es el rey de esta ciudad.
Y a la vera del camino se sentó junto a un olivo,
muy cerca de un pozo donde sacaban agua los hombres.
Y tomando la apariencia de una anciana venerable
se la encontraron las hijas del soberano Celeo.
Y de este modo le hablaron las cuatro hijas del rey:
“Dinos anciana quién eres y desde dónde has venido,
tan lejos de la ciudad o de alguna casa amiga”.

Así le hablaron las cuatro y ella así le respondió:

 
Deméter
“Os saludo, hijas queridas, quienes quiera que seáis,
Dós es mi nombre de pila, el que mi madre me puso,
y yo he venido desde Creta, tras el ancho mar.
Después de que unos piratas me cogieran por la fuerza.
Pero al fin pude escaparme y aquí llegué vagabunda.
Qué los dioses os concedan buenos esposos e hijos.
Pero tened compasión de mí, que soy una anciana.
Y decidme si sabéis de una casa dispuesta

a darme techo y sustento a cambio de mis servicios”.

 
Coro
Así les habló la diosa y la más alta le dijo:
“Anciana venerable, bien sabes que nosotras
debemos soportar, lo que quieren los dioses.
Puedo darte los nombres de algunos muy poderosos
que a gusto te acogerían al ver tu aspecto de diosa.
Pero aguárdate primero a que vayamos a casa
y hablemos con nuestra madre para pedir su opinión”.
Así dijo y sin más tregua regresaron las hermanas
con sus cántaros de vuelta. Y de acuerdo con su madre,
volvieron junto a la diosa para invitarla a su casa.
Y allí mismo la encontraron donde la habían dejado,
Cuando la diosa llegó a la casa de Celeo,
allí en el pórtico estaba una madre con un niño
y al entrar en el umbral la diosa se iluminó.

Cuando la vio Metanira de esta manera le habló:

 
Metanira
“Yo te saludo, mujer, que tienes tan noble porte,
en tu mirada se ve que eres de sangre real,
¿puedes criarme este niño que me ha llegado tardío?
Si tú consigues criarlo y que llegue a ser un mozo,

serás la envidia de muchos que verán tu recompensa”.

 
Deméter
“También te saludo yo como a ti te corresponde,
y ten por seguro que yo me encargaré de tu hijo

que crecerá sano y fuerte y nada le faltará”.

 
Coro
Así criaba la diosa al hijo de Metanira.
Y crecía como un dios de ambrosía amamantado.
Y por la noche dormía entre tizones oculto.
Mas una vez Metanira descubrió lo que pasaba.

Cuando Deméter lo supo, así le habló a Metanira:

 
Deméter
“Hombres que sois ignorantes de lo bueno y de lo malo,
tú, por tu propia ignorancia, te has buscado la desgracia,
pues iba a hacer a tu hijo inmortal como los dioses,
mas ya no puede escapar a la muerte ni al destino.
Yo soy la diosa Deméter, la que ofrece las cosechas,
y dispongo que en mi honor se me levante un gran templo
y un altar dentro de él al pie de la ciudadela

pues de ahora en adelante me rendiréis pleitesía”.

 
Coro
Y al decir estas palabras mudó de aspecto la diosa,
se quitó la vejez y volvió a ser hermosa.
Una luz cegadora de su cuerpo salía.
Quedó muda Metanira sin acordarse del niño
que lloraba en el suelo sin que nadie lo oyera.
Y las mujeres trataban de apaciguar a la diosa
durante toda la noche hasta despuntar el alba.
Por fin ordenó Celeo que construyeran un templo
y un altar en su interior como la diosa quería.
Y hasta que no lo acabaron ningún hombre descansó.
Allí la diosa Deméter, alejada de los dioses,
permanecía muy triste, apenada por su hija.
Y aquel año provocó que fuera el más espantoso,
que los hombres conocieran sobre la tierra fecunda.
Pues en ninguna región medraba semilla alguna,
que Deméter se encargaba de mantenerlas ocultas.
En vano curvos arados se hincaban sobre la tierra.
Y toda la raza humana habría muerto de hambre
y no habría más ofrendas a los dioses inmortales,
si Zeus que todo lo ve no se hubiera dado cuenta.
Pero fue enviada Iris a convencer a Deméter,
la de hermosa cabellera, por orden del mismo Zeus.
Llegó hasta Eleusis la diosa y en su templo la encontró

con una túnica oscura y de este modo le habló:

 
Iris
“Deméter, escúchame, que es el mismísimo Zeus
el que te ordena volver con los dioses sempiternos.

Vuélvete pues con los tuyos y obedece sus mandatos”.

 
Coro
 Así le habló suplicante mas no convenció a la diosa.
Pasó un día y luego otro y la diosa no cedió,
por eso Zeus mandó a Hermes que fuera al Hades
y que trajera a Perséfone a los brazos de su madre.
Al punto Hermes partió y se encontró al soberano
en sus oscuras moradas, junto a su esposa muy triste.

El asesino de Argos de este modo así le habló:

 
Hermes
“Hades de oscuro cabello, soberano de los muertos,
el padre Zeus te ordena que dejes libre a Perséfone
y que vuelva con su madre para que cese su odio,
pues ya tiene planeado aniquilar a los hombres
y ha ocultado la semilla para que no hagan ofrendas.
Y alejada del Olimpo alimenta su rencor,

y sentada permanece junto a su templo de Eleusis”.

 
Coro
Así habló el Argicida y escuchó sus palabras

el señor de los muertos, que a Perséfone dijo:

 
Hades
“Debes volver con tu madre y que te vea contenta,
yo seré un esposo digno, pues soy hermano de Zeus
y mientras estés conmigo serás reina soberana”.
 
Hades y Perséfone
Hades y Perséfone

Coro

Al escuchar sus palabras, Perséfone se alegró,
pero antes de partir tomó un grano de granada,
que es dulce como la miel y que Hades le ofreció
porque sabía que así tendría que regresar.
Cuando Hermes la condujo hasta el templo de Deméter,
se abrazaron madre e hija con una inmensa alegría,

mas negro presentimiento tuvo la diosa Deméter:

 
Deméter
“Escúchame hija querida, tan sólo dime una cosa.
¿No habrás probado bocado mientras estabas abajo?
Porque si aún no lo has hecho podrás vivir con nosotros,
pero si algo comiste, tendrás que volver allí,
pasarás los inviernos en la tierra profunda
y al llegar el calor y la tierra esté verde

con nosotros vendrás a reunirte de nuevo”.

 
Perséfone
“Quiero contártelo todo en verdad y sin engaños.
Cuando Hermes me salvó yo di un salto de alegría
pero entonces sin querer probé de aquella granada”.
 
Ascenso de Perséfone
Ascenso de Perséfone

Coro

Zeus al fin envió a Rea con un mensaje
para traer a Deméter junto al resto de los dioses,
y prometió concederle los honores que quisiera.
También vio con buenos ojos que la muchacha estuviera
una parte entre tinieblas y dos partes con su madre.
A cambio Zeus le pedía que cesara en su rencor
e hiciera crecer el fruto que da la vida a los hombres.
Al oír esto Deméter serenó su corazón
e hizo brotar el fruto en los campos de labranza
y la tierra antes estéril se convirtió en un jardín.
Desde entonces en Eleusis, en honor de la diosa,
se celebran los misterios que no se pueden contar.

¡Felices aquellos hombres que los hayan conocido!

Versión breve de Enrique Selva, en Alejandría. Crisol de las culturas, cap. 7 Los cultos mistéricos de Eleusis, pp. 81-85,  2014

Versión completa de José Banqué, en Himnos, pp. 29-36, Barcelona, Tipografía La Académica, 1910

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